Es interesante hablar de estos dos términos, y en qué medida están relacionados y separados (Una separación no es una relación). Como una definición aproximativa, se podría decir que la realidad es todo lo que ES. La ficción aquello que NO ES.
La realidad puede ser en diversos planos de existencia : físico y mental.
La ficción no es, así que no existe en ningún plano de existencia (en principio).
Como es imposible que algo no sea, no haya sido y nunca vaya a ser, es evidente que la ficción está estrechamente relacionada con la realidad.
Toda realidad debe tener una consecuencia en el plano físico. Si una realidad no hace referencia a algo físico, no se puede decir de ella que existe. (Si yo digo : "Quiero a A." Y "A" no existe, esa realidad tampoco.)
Así pues, aunque toda ficción sea nada, debe estar relacionada con la realidad. Pero una ficción no puede ser físicamente, pues en ese caso existiría. Y como no podemos tratar de algo que no sea del todo, la ficción sí que debe existir en el plano mental de la existencia.
La realidad existe en el plano físico y mental. La ficción existe en el plano mental. Todo lo que existe en el plano físico existe en el plano mental. Todo lo que existe en el plano mental no necesariamente existe en el plano físico. Aquello que no existe en el plano físico (que no tiene relación con el plano físico), es ficción. ¿Que sería ficción?
Toda ficción tiene su origen en el plano físico. La ficción no surge en sí misma, ex nihilo. Se fundamenta en una realidad. Sin embargo, sólo se fundamenta, no debe poder existir en el plano físico. Si hablo de un sentimiento, que me relaciona con una persona, un lugar, etc... Eso ya existe en el plano físico, luego ese sentimiento es una realidad. ¿Existe un sentimiento o una sensación que no se relacionen con el plano físico?
Si somos una paradoja incluso dentro de nosotros mismos, si nuestros deseos son contradictorios, y nuestra persona está dividida en muchas personas, ¿cuál de nuestras formas es cierta, cuál es la real? ¿La que escondemos, la que mantenemos en lo más profundo de nuestro ser, o la máscara que todos pueden contemplar? Nos forzamos a ser quienes no somos, porque no podríamos vivir así. ¿Pero, y si en el fondo, seguimos siendo, de verdad, quienes no somos? ¿Qué frustración, no? Pasarse toda una vida viviendo la vida que no es la nuestra. O, a fuerza de disimular, ¿hemos acabado siendo quienes nos hemos esforzado por disimular? La respuesta, la encontraremos en nuestra propia experiencia, y no en la lectura de ningún libro de psicología o filosofía barata. Elige tu paradoja, tu, si, elígela. Elige quien no quieres ser. Y adelante, veamos qué haces.
Alegoría del pozo
Imagina una persona cayendo por un pozo, de tamaño indefinido. Ya desde niño, la persona está cayendo por ese pozo, y en un principio, tiene los ojos cerrados, así que no ve nada de lo que hay alrededor suyo mientras cae, y ni siquiera tiene conciencia de estar cayendo. Podríamos imaginárnoslo como durmiendo, incluso soñando una vida que no está viviendo del todo.
Después, la persona abre los ojos, pero le cuesta darse cuenta que está cayendo, de tener conciencia de sí mismo dentro de un pozo. Poco a poco, ve lo que tiene a su alrededor, y lo empieza a reconocer como objetos. Se relaciona con ellos de diferentes maneras. Cuando por fin, nota que está dentro de un pozo, y efectivamente, está cayendo, cree que hay un final, y que tras mucho tiempo, muchísimo, la caída terminaría y empezaría su nueva vida. Esa es una convicción tan grande, que la persona llega a modificar su comportamiento en el pozo en relación con la llegada tan esperada.
Sin embargo, llega un momento en el que quien está cayendo en el pozo tiene la revelación de que el pozo no tiene fin, de que no hay nada más que el pozo, y todo lo que importa es el pozo. Eso le desespera enormemente, pero con el tiempo, lo prefiere, pues el pozo es real. Además, hay que notar que la persona determina sus acciones siempre respecto al pozo. Quien cae sólo ve lo que hay en el pozo, y recuerda, en mayor o menor medida, lo que ya ha visto en su caída. A partir de lo que ha visto, puede saber relativamente lo que le espera en la caída, y a veces acertará, y otras tantas errará. En algunos momentos, cabe destacar, el tamaño del pozo se estrechará, y la incomodidad de las paredes provocará a la persona que cae un dolor tremendo, y querrá salir del pozo como sea. Otras, el pozo se hará ancho y confortable, y todo lo que verá y vivirá será agradable. Todo ello dependerá de las acciones que cumpla la persona, siempre respecto al pozo y a los objetos que verá en él.
Después, la persona abre los ojos, pero le cuesta darse cuenta que está cayendo, de tener conciencia de sí mismo dentro de un pozo. Poco a poco, ve lo que tiene a su alrededor, y lo empieza a reconocer como objetos. Se relaciona con ellos de diferentes maneras. Cuando por fin, nota que está dentro de un pozo, y efectivamente, está cayendo, cree que hay un final, y que tras mucho tiempo, muchísimo, la caída terminaría y empezaría su nueva vida. Esa es una convicción tan grande, que la persona llega a modificar su comportamiento en el pozo en relación con la llegada tan esperada.
Sin embargo, llega un momento en el que quien está cayendo en el pozo tiene la revelación de que el pozo no tiene fin, de que no hay nada más que el pozo, y todo lo que importa es el pozo. Eso le desespera enormemente, pero con el tiempo, lo prefiere, pues el pozo es real. Además, hay que notar que la persona determina sus acciones siempre respecto al pozo. Quien cae sólo ve lo que hay en el pozo, y recuerda, en mayor o menor medida, lo que ya ha visto en su caída. A partir de lo que ha visto, puede saber relativamente lo que le espera en la caída, y a veces acertará, y otras tantas errará. En algunos momentos, cabe destacar, el tamaño del pozo se estrechará, y la incomodidad de las paredes provocará a la persona que cae un dolor tremendo, y querrá salir del pozo como sea. Otras, el pozo se hará ancho y confortable, y todo lo que verá y vivirá será agradable. Todo ello dependerá de las acciones que cumpla la persona, siempre respecto al pozo y a los objetos que verá en él.
Reflexiones Individuales
El individuo es semejante a la conciencia de sí mismo. Un individuo es la relación que tiene una persona a sí mismo, la visión completa de su cuerpo y su mente. El individuo engloba así el absoluto que tenemos en un principio. Sin embargo, el individuo presenta deseos, sentimientos, obsesiones y necesidades que pertenecen a un mundo exterior a él mismo. El mundo, definido brevemente, es la concepción de todos los factores exteriores que un individuo tiene. Así pues, el conflicto se halla en el que el mundo y el individuo son incompatibles, aparentemente. El individuo, situado en y frente al mundo, se halla vacío pues no es capaz de englobar el mundo en su todo, en su conciencia individual. De esa forma, desde un principio, el individuo que logra tener conciencia de sí mismo está incompleto, luego infeliz.
Frente a ese conflicto, los deseos del individuo se revelan a él mismo. Semejante a una fuerza vital, ciertas acciones otorgan al individuo la capacidad de unirse un poco más al mundo. Estas acciones son consideradas únicas y genuinas. En su relación a sí mismo, cumplir estas acciones permite al individuo un bienestar que le aproxima de un estado de felicidad. Desgraciadamente, el individuo encuentra en su camino diversas objeciones para cumplir con sus deseos vitales. Todo eso supone un conflicto que tiene como consecuencia, la desesperación y angustia de la persona. El triunfo de la felicidad individual se basa en superar los deseos vitales, pero no sólo cumplirlos. Evidentemente, no se basa en una sucesión eterna, pues eso encadenaría una dependencia que acabaría reduciendo nuestra fuerza vital e individual, pero en una medida y creación continuada sobre nosotros mismos.
Frente a ese conflicto, los deseos del individuo se revelan a él mismo. Semejante a una fuerza vital, ciertas acciones otorgan al individuo la capacidad de unirse un poco más al mundo. Estas acciones son consideradas únicas y genuinas. En su relación a sí mismo, cumplir estas acciones permite al individuo un bienestar que le aproxima de un estado de felicidad. Desgraciadamente, el individuo encuentra en su camino diversas objeciones para cumplir con sus deseos vitales. Todo eso supone un conflicto que tiene como consecuencia, la desesperación y angustia de la persona. El triunfo de la felicidad individual se basa en superar los deseos vitales, pero no sólo cumplirlos. Evidentemente, no se basa en una sucesión eterna, pues eso encadenaría una dependencia que acabaría reduciendo nuestra fuerza vital e individual, pero en una medida y creación continuada sobre nosotros mismos.
Reflexión lógica sobre el existencialismo.
La multilateralidad de conciencias, defendida y probada por la doctrina existencialista, expone que cada conciencia, cada yo es único, y como tal, su visión es la visión del mundo entero para él mismo. Por lo que cada uno elige sus verdades que dan sentido e interpretan el mundo que le rodea. Pero tras la lectura de "El ser y la nada", se ve que toda esta teoría filosófica carece de relación con el plano moral. No se explicita nada en la obra. Sartre trabajó sobre ese otro aspecto, en el libro que se publicaría póstumamente : "Cahiers pour une morale".
Ahora bien, sólo analizando la doctrina existencialista en si, llegamos a la idea de que una moral existencialista se basaría ante todo en el respeto y trabajo sobre la libertad de uno y de los demás. El futuro de estas relaciones humanas sería un futuro en el que se privilegiase la libertad de los demás, a la vez que se pretende que los demás nos tratasen justamente, o sea, respetando nuestra libertad. Ese sería el punto de partida y fundamental de una moral existencialista, o debiera ser. Pues no solo nos restringen, las personas que nos rodean son un apoyo y una ayuda en nuestro día a día, y esa es la dimensión que se le reprocha al existencialismo pero que está presente implícitamente.
La multilateralidad de conciencias, defendida y probada por la doctrina existencialista, expone que cada conciencia, cada yo es único, y como tal, su visión es la visión del mundo entero para él mismo. Por lo que cada uno elige sus verdades que dan sentido e interpretan el mundo que le rodea. Pero tras la lectura de "El ser y la nada", se ve que toda esta teoría filosófica carece de relación con el plano moral. No se explicita nada en la obra. Sartre trabajó sobre ese otro aspecto, en el libro que se publicaría póstumamente : "Cahiers pour une morale".
Ahora bien, sólo analizando la doctrina existencialista en si, llegamos a la idea de que una moral existencialista se basaría ante todo en el respeto y trabajo sobre la libertad de uno y de los demás. El futuro de estas relaciones humanas sería un futuro en el que se privilegiase la libertad de los demás, a la vez que se pretende que los demás nos tratasen justamente, o sea, respetando nuestra libertad. Ese sería el punto de partida y fundamental de una moral existencialista, o debiera ser. Pues no solo nos restringen, las personas que nos rodean son un apoyo y una ayuda en nuestro día a día, y esa es la dimensión que se le reprocha al existencialismo pero que está presente implícitamente.
Critica del existencialismo de Sartre
El filósofo existencialista Jean Paul Sartre publicó en 1946 la integridad de una de sus más importantes conferencias, a la que llamó "El existencialismo es un humanismo". El objetivo de Sartre en esa conferencia era defender su doctrina de los ataques y las numerosas críticas que sufría, particularmente por parte de cristianos y comunistas. Marca, indudablemente, un antes y un después en la concepción que se tenía del existencialismo ateo que tanto se predicaba por aquella época, puesto que intenta borrar la visión pesimista que la gente tenía sobre el existencialismo, como doctrina negativa y despreciativa del género humano, y la dirige hacia una doctrina humanista que aboga por la libertad y fuerza del hombre por encima de cualquier otra cosa, en su compromiso en toda causa.
Claro, reducido a esto, este existencialismo parece la doctrina perfecta, la que todos debieramos aplicar. El existencialismo tiene la virtud de constituir una serie de reglas y de normas de acción muy sencillas, y fáciles de entender para hacer uso de ellas en el plano práctico. Evidentemente, una filosofía que nos propone un modo de vida, como constante construcción de nuestra persona, parece magnífica. Pero a Sartre le criticaron enormemente por el pesimismo y la sin salida de su doctrina, y habían razones para ello, que a su vez, como la doctrina en sí, hay que relativizar.
En un primer punto, el hombre existencialista tiene la facultad de crearse de la manera que él desea. De hecho, no sólo el existencialista, sino todo hombre, en su naturaleza humana, que justamente por ello Sartre queria negar la idea de "naturaleza", tiene la libertad de elección constante que le permite su propia formación. Por otro lado, la persona que se elige de "mala fe", considerándose como objeto y renunciando a su libertad, no se crea él mismo a su voluntad, lo que se considera moralmente criticable. Sería el caso de las personas que no gozan de una coherencia en su pensamiento y en su acción, un hipócrita hacia los demás y hacia sí mismo, todo un traidor de la libertad. Pero la libertad en si misma nos permite elegirnos de mala fe. ¿Hasta qué extremo sería esto cuestionable, criticable? ¿Realmente considerarnos un objeto es tan negativo como Sartre exponía? De hecho, renunciar a nuestra libertad en ciertos momentos puede entrar dentro de nuestra propia elección y de nuestra libertad en sí. No a toda persona que elige la mala fe, en un momento preciso, le falta coherencia en su forma de ser. De hecho, la mala fe puntual podría incluso darnos una coherencia mayor con el hombre que nos estamos eligiendo y creando, para ser. Ciertamente, desde esto punto de vista, no se podría llamar ni considerar del todo "mala fe" pero esto no es más que un esbozo de una teoría muy vaga. Porque, sin que suene a tópico, el hombre disfruta en algunos casos con la sensación de dejarse llevar, y una mala fe positiva podría proporcionarnos esa sensación. Se afirma que la mala fe es criticable, en la medida en que es una mentira, desde cualquier otro plano. ¡Pero qué pretensión tan grande el considerar de manera tan vaga una actitud de mala fe, sin tener en cuenta las infinidad de variantes que puede propiciar un ser humano exento de toda naturaleza! Esto es, lo veremos más tarde, la negación de toda circunstancia que proclama el existencialismo. Es más, tenemos otro punto aquí que discutir. Sartre declara que la persona que escapa de la angustia gracias a la mala fe es moralmente cuestionable. ¿Cómo es eso? La angustia, como miedo, como agobio ante la libertad total, es entonces inevitable. El compromiso no se puede introducir aquí, la angustia es un sentimiento que puebla los días de toda persona, está demasiado presente como para no buscar una solución más real y eficaz. ¿Acaso toda persona que abraza la mala fe para escapar de la terrible y tan temida angustia es tan miserable? De nuevo, la mala fe se plantea como una posibilidad muy a tener en cuenta, y que, desde aquí dejo en el aire la pregunta, ¿no se podría crear esa mala fe positiva, en la que nos considerásemos objeto y a la vez conciencia, y por lo tanto nos proporcionase una solución a nuestros problemas sin hacernos víctimas fáciles de juzgar? Puesto, que, acaso una persona que fuese completamente de mala fe, ¿no sería coherente? Todo esto habría que explicitarlo y profundizarlo, pero la tan adorada y perseguida buena fe quizá está dentro de la mala fe.
Otra crítica que se puede hacer a lo que aboga Sartre en esta conferencia, es ya desde el punto de vista moral. El filosofo justifica y da la razón a Dostoievski cuando éste declara : "Si Dios existe, todo está permitido." Evidentemente que el existencialista no puede aceptar toda noción de cultura presentada "a priori" en el hombre, pues derrumbaría toda la teoría de libertad humana en vez de naturaleza humana. La multilateralidad de conciencias que todos (o todos debieramos) aceptar en un momento deriva en la aceptación, tan simple como esta, de que no hay acto bueno o malo. Si, el existencialismo propone aquí una verdad que unimos a la verdad individual de la conciencia. El acto que elegimos, es completamente original y nos pertenece. Es una doctrina de libertad, está claro. Pero falta aclarar que según esa propuesta, si consideramos matar algo bueno, nada nos debería impedir de hacerlo. Salvo todo tipo de castigos y sanciones que otras conciencias nos impondrían. Problemático, ¿no? ¿No es esta idea una obviedad que no hace más que retroceder en el progreso humano, justamente una doctrina que se da el título de "humanista"? Es la consecuencia de empezar a partir del famoso cogito de Descartes : "Pienso, luego existo." Pero esta idea existencialista que pretende basar todo en verdades ontológicas no va a ninguna parte. Sin embargo, las acusaciones de presentar un existencialismo negativo en las relaciones humanas son vagas, imprecisas y sin sentido. Evidentemente que hay en la relación de tu conciencia con el otro una serie de límites y conflictos. Pero porque es el ejemplo más interesante y el único que se puede aplicar para explicar los problemas de la ausencia de libertad y del encerramiento de nuestra persona en tanto individuo libre. Porque está claro que toda otra conciencia ajena a nosotros nos limita, limita nuestra libertad. Pero eso es en un principio. Alguien que quiera realmente aplicar de la manera más correcta posible las enseñanzas existencialistas sabe que los conflictos que las relaciones humanas propician se pueden solucionar. Así, y tras un largo trabajo y esfuerzo, se puede conseguir lo que parecía utópico. Una relación humana que no limita nuestra libertad, sino que la acepta y por lo tanto la perfecciona. Si, pues una persona que sabe que su libertad es respetada y valorada por el otro, goza del placer del individualismo reconocido. Obviamente, tratar por completo este punto no es el objetivo de esta crítica.
Y pasemos así a otro aspecto que hay que relativizar. Se exclama constantemente, que el hombre existencialista lleva en sus hombros la carga de toda la humanidad. Y así, todo acto que una persona cometa tiene como consecuencia la definición de un modelo de persona. Es decir, que cada acción define a la humanidad como nosotros mismos queremos que sea. ¿No es esta una carga demasiado pesada para cualquier ser humano? Es comprensible, aunque hay que especificar y detallar, que la idea que se pretende con esta responsabilidad es que todo acto que tomemos sea el mejor y el más correcto, es decir, perfecto, y de nuevo, coherente con nuestra persona. Pero, cuando tomamos una decisión y asumimos que es buena, no necesariamente debemos pensar que queremos que todos la tomen. Es decir, el famoso "como no todo el mundo hace esto", etc... La mala fe aquí descrita es complicada. Si lo debemos entender al pie de la letra, el concepto es problemático. Porque de nuevo, presenta un fallo recurrente en el existencialismo. Niega todas las circunstancias. Así que, para que este concepto fuese más lógico y recomendable, habría que tener en cuenta en detalle las circunstancias de la situación. Y debería entenderse más bien algo así como : "Este acto concreto es recomendable para toda la humanidad, si estuviese en mi lugar." Cambio ligero, pero que significa mucho.
Porque esa es la mayor crítica que se le puede hacer al existencialismo. La negación de toda circunstancia. Su optimismo es tal que pretende que el hombre, al ser libre, es tan libre como para ser capaz de todo. Y abandona la intención, y una enorme cantidad de calidades del ser humano que son muy a tener en cuenta. Así, el existencialismo acaba siendo una doctrina de culpabilidad. Porque el hombre es tan responsabe y tan libre, que nunca deja de tener mala fe. No se le debe criticar tanto su pesimismo, sino su utopía. Y negando la dificultad de ser humano, de cambiar y de la infinidad de objetos que nos rodean, ¿cómo puede ser esta doctrina un humanismo?
Claro, reducido a esto, este existencialismo parece la doctrina perfecta, la que todos debieramos aplicar. El existencialismo tiene la virtud de constituir una serie de reglas y de normas de acción muy sencillas, y fáciles de entender para hacer uso de ellas en el plano práctico. Evidentemente, una filosofía que nos propone un modo de vida, como constante construcción de nuestra persona, parece magnífica. Pero a Sartre le criticaron enormemente por el pesimismo y la sin salida de su doctrina, y habían razones para ello, que a su vez, como la doctrina en sí, hay que relativizar.
En un primer punto, el hombre existencialista tiene la facultad de crearse de la manera que él desea. De hecho, no sólo el existencialista, sino todo hombre, en su naturaleza humana, que justamente por ello Sartre queria negar la idea de "naturaleza", tiene la libertad de elección constante que le permite su propia formación. Por otro lado, la persona que se elige de "mala fe", considerándose como objeto y renunciando a su libertad, no se crea él mismo a su voluntad, lo que se considera moralmente criticable. Sería el caso de las personas que no gozan de una coherencia en su pensamiento y en su acción, un hipócrita hacia los demás y hacia sí mismo, todo un traidor de la libertad. Pero la libertad en si misma nos permite elegirnos de mala fe. ¿Hasta qué extremo sería esto cuestionable, criticable? ¿Realmente considerarnos un objeto es tan negativo como Sartre exponía? De hecho, renunciar a nuestra libertad en ciertos momentos puede entrar dentro de nuestra propia elección y de nuestra libertad en sí. No a toda persona que elige la mala fe, en un momento preciso, le falta coherencia en su forma de ser. De hecho, la mala fe puntual podría incluso darnos una coherencia mayor con el hombre que nos estamos eligiendo y creando, para ser. Ciertamente, desde esto punto de vista, no se podría llamar ni considerar del todo "mala fe" pero esto no es más que un esbozo de una teoría muy vaga. Porque, sin que suene a tópico, el hombre disfruta en algunos casos con la sensación de dejarse llevar, y una mala fe positiva podría proporcionarnos esa sensación. Se afirma que la mala fe es criticable, en la medida en que es una mentira, desde cualquier otro plano. ¡Pero qué pretensión tan grande el considerar de manera tan vaga una actitud de mala fe, sin tener en cuenta las infinidad de variantes que puede propiciar un ser humano exento de toda naturaleza! Esto es, lo veremos más tarde, la negación de toda circunstancia que proclama el existencialismo. Es más, tenemos otro punto aquí que discutir. Sartre declara que la persona que escapa de la angustia gracias a la mala fe es moralmente cuestionable. ¿Cómo es eso? La angustia, como miedo, como agobio ante la libertad total, es entonces inevitable. El compromiso no se puede introducir aquí, la angustia es un sentimiento que puebla los días de toda persona, está demasiado presente como para no buscar una solución más real y eficaz. ¿Acaso toda persona que abraza la mala fe para escapar de la terrible y tan temida angustia es tan miserable? De nuevo, la mala fe se plantea como una posibilidad muy a tener en cuenta, y que, desde aquí dejo en el aire la pregunta, ¿no se podría crear esa mala fe positiva, en la que nos considerásemos objeto y a la vez conciencia, y por lo tanto nos proporcionase una solución a nuestros problemas sin hacernos víctimas fáciles de juzgar? Puesto, que, acaso una persona que fuese completamente de mala fe, ¿no sería coherente? Todo esto habría que explicitarlo y profundizarlo, pero la tan adorada y perseguida buena fe quizá está dentro de la mala fe.
Otra crítica que se puede hacer a lo que aboga Sartre en esta conferencia, es ya desde el punto de vista moral. El filosofo justifica y da la razón a Dostoievski cuando éste declara : "Si Dios existe, todo está permitido." Evidentemente que el existencialista no puede aceptar toda noción de cultura presentada "a priori" en el hombre, pues derrumbaría toda la teoría de libertad humana en vez de naturaleza humana. La multilateralidad de conciencias que todos (o todos debieramos) aceptar en un momento deriva en la aceptación, tan simple como esta, de que no hay acto bueno o malo. Si, el existencialismo propone aquí una verdad que unimos a la verdad individual de la conciencia. El acto que elegimos, es completamente original y nos pertenece. Es una doctrina de libertad, está claro. Pero falta aclarar que según esa propuesta, si consideramos matar algo bueno, nada nos debería impedir de hacerlo. Salvo todo tipo de castigos y sanciones que otras conciencias nos impondrían. Problemático, ¿no? ¿No es esta idea una obviedad que no hace más que retroceder en el progreso humano, justamente una doctrina que se da el título de "humanista"? Es la consecuencia de empezar a partir del famoso cogito de Descartes : "Pienso, luego existo." Pero esta idea existencialista que pretende basar todo en verdades ontológicas no va a ninguna parte. Sin embargo, las acusaciones de presentar un existencialismo negativo en las relaciones humanas son vagas, imprecisas y sin sentido. Evidentemente que hay en la relación de tu conciencia con el otro una serie de límites y conflictos. Pero porque es el ejemplo más interesante y el único que se puede aplicar para explicar los problemas de la ausencia de libertad y del encerramiento de nuestra persona en tanto individuo libre. Porque está claro que toda otra conciencia ajena a nosotros nos limita, limita nuestra libertad. Pero eso es en un principio. Alguien que quiera realmente aplicar de la manera más correcta posible las enseñanzas existencialistas sabe que los conflictos que las relaciones humanas propician se pueden solucionar. Así, y tras un largo trabajo y esfuerzo, se puede conseguir lo que parecía utópico. Una relación humana que no limita nuestra libertad, sino que la acepta y por lo tanto la perfecciona. Si, pues una persona que sabe que su libertad es respetada y valorada por el otro, goza del placer del individualismo reconocido. Obviamente, tratar por completo este punto no es el objetivo de esta crítica.
Y pasemos así a otro aspecto que hay que relativizar. Se exclama constantemente, que el hombre existencialista lleva en sus hombros la carga de toda la humanidad. Y así, todo acto que una persona cometa tiene como consecuencia la definición de un modelo de persona. Es decir, que cada acción define a la humanidad como nosotros mismos queremos que sea. ¿No es esta una carga demasiado pesada para cualquier ser humano? Es comprensible, aunque hay que especificar y detallar, que la idea que se pretende con esta responsabilidad es que todo acto que tomemos sea el mejor y el más correcto, es decir, perfecto, y de nuevo, coherente con nuestra persona. Pero, cuando tomamos una decisión y asumimos que es buena, no necesariamente debemos pensar que queremos que todos la tomen. Es decir, el famoso "como no todo el mundo hace esto", etc... La mala fe aquí descrita es complicada. Si lo debemos entender al pie de la letra, el concepto es problemático. Porque de nuevo, presenta un fallo recurrente en el existencialismo. Niega todas las circunstancias. Así que, para que este concepto fuese más lógico y recomendable, habría que tener en cuenta en detalle las circunstancias de la situación. Y debería entenderse más bien algo así como : "Este acto concreto es recomendable para toda la humanidad, si estuviese en mi lugar." Cambio ligero, pero que significa mucho.
Porque esa es la mayor crítica que se le puede hacer al existencialismo. La negación de toda circunstancia. Su optimismo es tal que pretende que el hombre, al ser libre, es tan libre como para ser capaz de todo. Y abandona la intención, y una enorme cantidad de calidades del ser humano que son muy a tener en cuenta. Así, el existencialismo acaba siendo una doctrina de culpabilidad. Porque el hombre es tan responsabe y tan libre, que nunca deja de tener mala fe. No se le debe criticar tanto su pesimismo, sino su utopía. Y negando la dificultad de ser humano, de cambiar y de la infinidad de objetos que nos rodean, ¿cómo puede ser esta doctrina un humanismo?
Demostración sencilla de la libertad.
El hombre es capaz de elegir. Toda elección es posibilidad hacia un "futuro" no realizado. Esa posibilidad es libertad. No existe libertad fuera de una situación, pues no existe posibilidad de elegir. Por lo tanto, sin situación que nos reduce, y nos obliga a tomar decisiones, no hay libertad. Solo hay libertad en una "dictadura", como mundo en el que hay factores externos que nos dirigen, al que podemos reaccionar eligiendo de distintas maneras.
El hombre es capaz de elegir. Toda elección es posibilidad hacia un "futuro" no realizado. Esa posibilidad es libertad. No existe libertad fuera de una situación, pues no existe posibilidad de elegir. Por lo tanto, sin situación que nos reduce, y nos obliga a tomar decisiones, no hay libertad. Solo hay libertad en una "dictadura", como mundo en el que hay factores externos que nos dirigen, al que podemos reaccionar eligiendo de distintas maneras.
Méditations
Una casa vacía, y apenas el ruido molesto de algunas obras. El silencio mata, el silencio calla. Nunca puedes oír bien a alguien en silencio, así es como tiene que ser, en esta sociedad aberrante donde los acontecimientos se suceden a una velocidad tan vertiginosa que solo podemos recordar los que la misma nos obliga a recordar. Es doloroso estar en una casa ajena y solo, totalmente solo. La soledad es el misterio del hombre. Nos pasamos la vida viviendo, rodeados de miles y miles y miles de personas, cansados de ellas a veces, cansados de nuestros amigos, compañeros, familiares. Más de uno ha exclamado : "¡Ojalá estuviese solo!", al haber sentido demasiado cerca el agobio irrespirable de los seres humanos. Y una vez conseguimos la soledad, nos sentimos... solos. Vacíos, alejados de todo, queremos volver a oír risas, lloros, y palabras, que crucen nuestros oídos y que vengan fuertes y armados para romper el silencio que nos mata. El silencio es suicida. ¿Qué debemos hacer en los apenas tres cuartos de siglo que nos ha otorgado la naturaleza? O Dios, según se mire... ¿Qué hacemos con tan vasto y a la vez minúsculo, ínfimo período de tiempo? ¿Vivir? Eso sería demasiado fácil. No es que debamos hacerlo complicado, no es eso. Pero es que ES complicado. ¿Luchar, rebelarse... o cruzarse de brazos?
Aforismos
"Quien consigue sus sueños no es feliz."
"Quien se suicida es habil."
"Quien cree en Dios tiene mala fe."
"Quien se suicida es habil."
"Quien cree en Dios tiene mala fe."
Breve comentario relativista sobre la monarquía española
Analizando superficialmente la situación monárquica española, vemos multitud de críticas cuyo mayor argumento suele ser el hecho de que la familia real goza de un estatus privilegiado, con una vida ya hecha, pudiendo disponer de todos los lujos, gracias al dinero que los mismos ciudadanos les entregamos obligatoria y amablemente. Consideramos, en una palabra, que es injusto la suerte de la que ellos pueden disfrutar. Curiosamente, si mencionamos la palabra injusticia en este caso damos a entender implícitamente, que sí, que la familia real tiene suerte y por lo tanto, que no es una injusticia desfavorable, todo lo contrario, que sí es favorable, son afortunados. Eso implica que si esa situación monárquica es vista como positiva para la vida de ellos mismos, nos cambiariamos por ellos sin dudarlo. Si no lo hacemos ya nos contradecimos, pues si les juzgamos como tales y luego no estaríamos dispuestos a ocupar su lugar estamos haciendo prueba de gran hipocresía. ¿Así que, realmente no dudaríamos en vivir como principes, sabiendo la presión y el constante acoso mediático que sufriríamos en consecuencia?
Cada uno debiera meditar profundamente sobre esa situación aparentemente tan divina y perfecta que la familia goza, y tener más en cuenta todas las tremendas responsabilidades. Si terminadas nuestras reflexiones decidimos que no, realmente no valdría la pena vivir aristocráticamente en nuestra época, ¿hacia dónde dirigirnos? Si alabamos a la familia monárquica por cumplir una función tan dificil por nacimiento, aceptamos su puesto y punto. Pero su condición no deja de ser injusta por eso. El paso siguiente de esta lógica es que si esta función no tiene razón de ser, la decisión más conveniente sería eliminarla completamente. Más esto se convierte en algo imposible, no sólo por las funciones relativas que pueden desempeñar, pero sobre todo por el profundo enracinamiento de la monarquía en la cultura española.
Así, una vez determinada la inutilidad e incluso la dificultad de tal posición, nos enfrentamos a una encrucijada, dónde los pensamientos de la masa general bloquean toda acción.
Cada uno debiera meditar profundamente sobre esa situación aparentemente tan divina y perfecta que la familia goza, y tener más en cuenta todas las tremendas responsabilidades. Si terminadas nuestras reflexiones decidimos que no, realmente no valdría la pena vivir aristocráticamente en nuestra época, ¿hacia dónde dirigirnos? Si alabamos a la familia monárquica por cumplir una función tan dificil por nacimiento, aceptamos su puesto y punto. Pero su condición no deja de ser injusta por eso. El paso siguiente de esta lógica es que si esta función no tiene razón de ser, la decisión más conveniente sería eliminarla completamente. Más esto se convierte en algo imposible, no sólo por las funciones relativas que pueden desempeñar, pero sobre todo por el profundo enracinamiento de la monarquía en la cultura española.
Así, una vez determinada la inutilidad e incluso la dificultad de tal posición, nos enfrentamos a una encrucijada, dónde los pensamientos de la masa general bloquean toda acción.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)