Los atormentados. Somos nosotros. Aquellos seres de carne y hueso cuya mente terrible sufrió un caos nada recomendable. Nacidos para ser felices, para este juego doloroso de la vida, las circunstancias mismas hicieron de nuestro ser algo difícil de describir. Nuestro "cogito, ergo sum" se trastornó hasta formar un delirio de tristezas.
Nosotros, los atormentados, victimas de nuestra propia sensibilidad. Cada uno de los tres reacciona de forma diferente ante una vida mordedora. Uno acepta el "déchirement", con todas las subidas y bajadas de ánimo que ello implica, con todo el dolor y la alegría elevados a la máxima potencia. Otro se niega, lucha pero ve que pierde, o enfoca desde otro punto de vista su lucha. Y se transforma en un ser estético pues aquel esteticismo es el que le profiere todo el placer y la felicidad que su frágil cuerpo le permite. El anterior, sin embargo, anda entre dos caminos. El último de los atormentados pretende la perfección. Razona todo y nunca actúa sin pensárselo dos veces. Se niega a todo y lo acepta al mismo tiempo. Teme a la dama de la guadaña, pero la desea aún más. Ante esa posibilidad, este atormentado forja su carácter en la tristeza, y se convierte en un ser extraño y oscuro, una máscara de algo monstruoso.


Los tres son diferentes y parecidos. Son los tres atormentados, el trío demoníaco que mira la luz de la vida con los ojos bien abiertos, tan abiertos que les duelen las retinas enormemente, más no se quejan, sino que parecen resignarse, cada cual a su manera.
¿Qué son? Seres de carne y hueso cuyo Dios de vacío les otorgó, en su despiadada generosidad, un temible agujero dentro. A sabiendas que no pueden llenarlo, conviven con él de la mejor manera que encuentran. No son las mismas personas, pero tienen mucho en común.
Todos buscan el mismo objetivo : la felicidad. Una felicidad absoluta e inalcanzable que se colma parcialmente con el gusto agridulce de la felicidad relativa y esporádica. Sin embargo, su angustia y su dolor les hace sabios. Para ellos, Cada Vano Movimiento tiene un significado en su libre existencia y vacuidad. La filosofía de cierta acción se aplica pese a ser conscientes de la absurdidad. Pues la no-acción provoca una vida exenta de emociones, los atormentados buscan su propio camino ante una infinidad de posibilidades.
Y de esta manera, el doloroso juego de la vida se les hace soportable.
De momento.