Esta noche es tan oscura. Y las estrellas no se dignan a aparecer. No, no esta noche. Esta noche no saldrá ninguna. No tienen que ver lo que pasará esta noche, no quieren verlo. Mejor, no es algo agradable. Esta noche, quiero sentirme un poco mejor. Y si éste es el precio, supongo que tengo que pagarlo. No, no tengo que hacerlo. Quiero hacerlo. No hay otra manera, ni otro camino que tomar. Tampoco debería importarme tanto. Es lo que hay. Es lo que será mejor para mí. ¿Y acaso no soy yo lo más importante?
Parece que intente convencerme a mí mismo. Pero no debería ser así. Quizá tengo miedo de los remordimientos, de sentirme culpable. De ver su cara desconocida llena de sangre en sueños. Aunque sé que no debería preocuparme por eso. Lo correcto es lo que voy a hacer ahora, sólo tengo que esperar a que se aleje un poco más. Aún estamos muy cerca de la ciudad.
Sólo un poco más. Vive un poco a las afueras, es perfecto. No hay posibilidad de que me cojan, nadie se dará cuenta. Nadie, le esconderé bien, o le quemaré, o lo que sea. Le cortaré en cachos. Alguna forma habrá de no dejar huella.
Pero sigo pensando, pensando. Tengo aquí un buen cuchillo, afilado, curvo, perfecto para degollarle. Y no puedo esperar el momento de verle desangrarse. Quiero que su agua roja salga a borbotones, quiero mancharme de esa esencia suya.
¿Porqué? ¿Porqué dudo? No puedo lamentarlo, no puedo tener sentimiento de culpabilidad por matar a ese hombre. Simplemente, porque no. No debo, no puede ser así. Así está escrito. Debo matarle por el simple placer de hacerlo, me sentiré mejor, me sentiré genial. Me sentiré vivo, me sentiré lleno. Así está escrito.
No puede haber algo que llene al ser humano, y el suicidio no debe ser una opción. Así lo dijo Camus. Amar al hombre, odiar a Dios, odiar la muerte.
Pero, la única salida que me queda, es el asesinato. Debo matar, para sentir como respiro, como late mi corazón, como mis pulmones se hinchan, como parpadeo.
Odio la muerte, pero necesito abrazarla para vivir. Matar y morir, que dos términos tan cercanos y cruelmente paralelos.
Si la vida me es tan indiferente, la de otros, las vidas ajenas, lo serán tanto como la mía. Y así dejaré de odiar la muerte, mereciéndola.
Puedo hacer algo para que deba morir, así, por consiguiente, y conocedor de la justicia humana, deberé aceptar agradablemente el vacío.
De todas formas, quizá la justicia humana no es suficiente para explicarlo, para hacerme entender y merecer mi propio cadáver.
Quizá porque la palabra justicia no es tan clara como debería. Estoy tan cansado que ni siquiera sé lo que pienso, ni porque estoy siguiendo a este hombre amargado y antisocial.
Creo que el matarle me llenará. Porque quiero llenarme, y sentirme bien. Estoy dispuesto a todo para conseguir la ataraxia, disminuyendo mis pasiones, mis sentimientos, mis humores. Llegando al "bien-être" general. No debe ser para nada tan complicado. Hundir el cuchillo en su garganta.
Pero por otra parte, sigo sin saber qué pasará. No me siento tan seguro de mí mismo, como para estar seguro de que al matarle, me sentiré mejor.
Supongo que no lo merece, no merece la muerte que yo, por puro deseo irracional, quiero otorgarle.
Quizá nadie la merece. Y quizá no tenga el valor de asestarle el golpe fatal. Quizá quiero salir de esta sociedad, y ser un bohemio. Pero ya es tarde, y ya está. Ya no puedo evitar sentir piedad, amor, y querer al ser humano.
O quién sabe, quizá lo quiero, a mi manera. No puedo evitar tener un alma y un corazón, y pese a que odio este mundo y esta vida, todo lo que representa la sociedad deshumanizada a base de falsa humanidad, hay algo en mí de cierto.
No puedo matar, no puedo morir.
Será mejor que me vaya a casa.