... Procedemos ahora a la transferencia de unos extractos del libro encontrado recientemente en una casa abandonada, a apenas unos kilómetros de la ciudad de Bruselas. Se debe analizar concienzudamente estas páginas desordenadas, con el deseo de comprender, en su totalidad, las ideas que pretenden afirmar y demostrar.
Si nuestras intuiciones son correctas, y no dudamos que usted sea capaz de ver en ellas esa inquietud que nos afecta a todos, habrá que actuar rápidamente.
Aún así, siendo usted uno de nuestros mejores agentes para este tipo de casos, y su inteligencia habiendo sido crucial en miles de ocasiones, confiamos plenamente en sus capacidades.
[Extracto I : página 38]
... Llegamos a la conclusión de que es así, y solamente así, la forma correcta de estrechar las manos. Recuerde, será fundamental para su inserción en la sociedad. Estire el brazo, no al máximo ; dedos estirados, sin forzar, y al entrar en contacto con la mano del objetivo, agarrar ligeramente, de nuevo sin forzar, y hacer un movimiento de antebrazo que añada "emoción" (Para comprender mejor el uso de la palabra emoción en este caso, le aconsejamos que acuda a la página 256 de este manual) al saludo, causando cierta conexión. Según la intensidad del movimiento, el grado de fuerza utilizado, mostraremos mayor o menor "estima" (Para comprender estima en su completo concepto, le recomendamos que lea varias veces la página 316), así que debemos saber, y manejar perfectamente este saludo, para que quede más o menos formal o informal.
SENTIMIENTOS Y SENSACIONES
I) El Dolor : Un sentimiento, una sensación difícil de mostrar y fingir
Como ser humano, sabrá ya usted que no todo es fácil. Los hombres y mujeres que pueblan este mundo tienden a "sufrir" (recuerde, algo que nos causa un malestar, físico o mental, y que afecta al estado psíquico, llegando a tener influencias sobre nuestro comportamiento, o nuestro cuerpo. No se olvide de revisar concienzudamente la página 500, para ver más detalles sobre este punto), y ese sufrimiento se refleja en nosotros mismos.
Para empezar, vamos a centrarnos sobre cómo hacer que el dolor se refleje en nuestra cara. Siempre es complicado hacer de nuestro rostro una máscara a voluntad, pero eso es lo que vamos a enseñarle en este libro, entre otras lecciones. (No dude ni un instante en practicar las expresiones faciales delante de un espejo para así perfeccionarlas).
Para representar el dolor, se puede hacer de muchas formas, entre ellas, cabe destacar el cerrar los ojos, provocando que líquido lacrimal se escape ligeramente, o llegando al extremo de llorar si el dolor se supone es muy "fuerte". Otro detalle muy útil es abrir la boca, entrechocar los dientes, gemir y gritar (no confundir estos dos términos a los que se pueden aplicar en caso de placer, para eso ver la página 344, pues, aunque a nuestra simple vista parezcan muy similares, hay algunas diferencias que podrían cambiarlo todo). Sollozar, sin llegar a exagerar demasiado puede ser muy útil para hacer realista nuestra expresión de dolor. Muy importante no llegar a forzar demasiado nuestra cara, para que no se note que fingimos, ni autoinfligirse una herida para poder demostrar lo bien que se nos da sentir dolor. No vale la pena hacer la prueba para integrarse, en cualquier momento se nos presentará la ocasión por su propio pie.
Recuerde que el dolor debemos representarlo, mayormente, cuándo algo afecte a nuestro cuerpo, llegando a un nivel de intensidad, suficiente para causarnos una "herida" (muy importante consultar la página 712 sobre los diferentes tipos de marcas que pueden afectar a nuestro cuerpo humano). La herida debe ser, por lo general, lo suficientemente profunda para sangrar (el fluido rojo que recorre el cuerpo que habitamos llamándose sangre, no lo olvide, sangrar es la acción de la salida de la sangre, por diversas causas, habitualmente causando dolor) ; el hecho de que lleguemos a sangrar acostumbra a favorecer la idea de dolor, y debemos enfatizar esto. Aunque recuerde, cuando sentimos dolor, es la herida la que la causa en realidad. También podemos sentir dolor, y en gran cantidad, cuándo los músculos o los huesos son dañados. Una tensión muscular llegada a extremos, o un hueso roto, son síntomas de dolor profundo, así que hay que dar constancia de ello en nuestras expresiones faciales, acentuándolas más. [...]
[Extracto II : página 636]
...Cada uno de ustedes tendrá un rol, y es importante permanecer en él para que todo siga funcionando como habitualmente. No se olvide, el rol que se le asigna, es suyo e instransferible. La personalidad y carácter que se le haya dado en la ficha debe ser aprendida al mílimetro, y ser representada con maestría a cada momento. Eso ayudará considerablemente a dar una apariencia mental humana y realista. [...]
Desafortunadamente, no hemos podido encontrar más que estas pocas páginas, y restituirlas al completo. Nuestro equipo está trabajando en tres páginas más, que le serán transferidas en un período de dos semanas. Sin embargo, creemos que éstas ya son más que suficientes para que comprenda la gravedad de la situación. Las órdenes le serán transmitidas pasado mañana, así que recuerde, debe estar atento y preparado. Mucha suerte.
Esta noche es tan oscura. Y las estrellas no se dignan a aparecer. No, no esta noche. Esta noche no saldrá ninguna. No tienen que ver lo que pasará esta noche, no quieren verlo. Mejor, no es algo agradable. Esta noche, quiero sentirme un poco mejor. Y si éste es el precio, supongo que tengo que pagarlo. No, no tengo que hacerlo. Quiero hacerlo. No hay otra manera, ni otro camino que tomar. Tampoco debería importarme tanto. Es lo que hay. Es lo que será mejor para mí. ¿Y acaso no soy yo lo más importante?
Parece que intente convencerme a mí mismo. Pero no debería ser así. Quizá tengo miedo de los remordimientos, de sentirme culpable. De ver su cara desconocida llena de sangre en sueños. Aunque sé que no debería preocuparme por eso. Lo correcto es lo que voy a hacer ahora, sólo tengo que esperar a que se aleje un poco más. Aún estamos muy cerca de la ciudad.
Sólo un poco más. Vive un poco a las afueras, es perfecto. No hay posibilidad de que me cojan, nadie se dará cuenta. Nadie, le esconderé bien, o le quemaré, o lo que sea. Le cortaré en cachos. Alguna forma habrá de no dejar huella.
Pero sigo pensando, pensando. Tengo aquí un buen cuchillo, afilado, curvo, perfecto para degollarle. Y no puedo esperar el momento de verle desangrarse. Quiero que su agua roja salga a borbotones, quiero mancharme de esa esencia suya.
¿Porqué? ¿Porqué dudo? No puedo lamentarlo, no puedo tener sentimiento de culpabilidad por matar a ese hombre. Simplemente, porque no. No debo, no puede ser así. Así está escrito. Debo matarle por el simple placer de hacerlo, me sentiré mejor, me sentiré genial. Me sentiré vivo, me sentiré lleno. Así está escrito.
No puede haber algo que llene al ser humano, y el suicidio no debe ser una opción. Así lo dijo Camus. Amar al hombre, odiar a Dios, odiar la muerte.
Pero, la única salida que me queda, es el asesinato. Debo matar, para sentir como respiro, como late mi corazón, como mis pulmones se hinchan, como parpadeo.
Odio la muerte, pero necesito abrazarla para vivir. Matar y morir, que dos términos tan cercanos y cruelmente paralelos.
Si la vida me es tan indiferente, la de otros, las vidas ajenas, lo serán tanto como la mía. Y así dejaré de odiar la muerte, mereciéndola.
Puedo hacer algo para que deba morir, así, por consiguiente, y conocedor de la justicia humana, deberé aceptar agradablemente el vacío.
De todas formas, quizá la justicia humana no es suficiente para explicarlo, para hacerme entender y merecer mi propio cadáver.
Quizá porque la palabra justicia no es tan clara como debería. Estoy tan cansado que ni siquiera sé lo que pienso, ni porque estoy siguiendo a este hombre amargado y antisocial.
Creo que el matarle me llenará. Porque quiero llenarme, y sentirme bien. Estoy dispuesto a todo para conseguir la ataraxia, disminuyendo mis pasiones, mis sentimientos, mis humores. Llegando al "bien-être" general. No debe ser para nada tan complicado. Hundir el cuchillo en su garganta.
Pero por otra parte, sigo sin saber qué pasará. No me siento tan seguro de mí mismo, como para estar seguro de que al matarle, me sentiré mejor.
Supongo que no lo merece, no merece la muerte que yo, por puro deseo irracional, quiero otorgarle.
Quizá nadie la merece. Y quizá no tenga el valor de asestarle el golpe fatal. Quizá quiero salir de esta sociedad, y ser un bohemio. Pero ya es tarde, y ya está. Ya no puedo evitar sentir piedad, amor, y querer al ser humano.
O quién sabe, quizá lo quiero, a mi manera. No puedo evitar tener un alma y un corazón, y pese a que odio este mundo y esta vida, todo lo que representa la sociedad deshumanizada a base de falsa humanidad, hay algo en mí de cierto.
No puedo matar, no puedo morir.
Será mejor que me vaya a casa.
Parece que intente convencerme a mí mismo. Pero no debería ser así. Quizá tengo miedo de los remordimientos, de sentirme culpable. De ver su cara desconocida llena de sangre en sueños. Aunque sé que no debería preocuparme por eso. Lo correcto es lo que voy a hacer ahora, sólo tengo que esperar a que se aleje un poco más. Aún estamos muy cerca de la ciudad.
Sólo un poco más. Vive un poco a las afueras, es perfecto. No hay posibilidad de que me cojan, nadie se dará cuenta. Nadie, le esconderé bien, o le quemaré, o lo que sea. Le cortaré en cachos. Alguna forma habrá de no dejar huella.
Pero sigo pensando, pensando. Tengo aquí un buen cuchillo, afilado, curvo, perfecto para degollarle. Y no puedo esperar el momento de verle desangrarse. Quiero que su agua roja salga a borbotones, quiero mancharme de esa esencia suya.
¿Porqué? ¿Porqué dudo? No puedo lamentarlo, no puedo tener sentimiento de culpabilidad por matar a ese hombre. Simplemente, porque no. No debo, no puede ser así. Así está escrito. Debo matarle por el simple placer de hacerlo, me sentiré mejor, me sentiré genial. Me sentiré vivo, me sentiré lleno. Así está escrito.
No puede haber algo que llene al ser humano, y el suicidio no debe ser una opción. Así lo dijo Camus. Amar al hombre, odiar a Dios, odiar la muerte.
Pero, la única salida que me queda, es el asesinato. Debo matar, para sentir como respiro, como late mi corazón, como mis pulmones se hinchan, como parpadeo.
Odio la muerte, pero necesito abrazarla para vivir. Matar y morir, que dos términos tan cercanos y cruelmente paralelos.
Si la vida me es tan indiferente, la de otros, las vidas ajenas, lo serán tanto como la mía. Y así dejaré de odiar la muerte, mereciéndola.
Puedo hacer algo para que deba morir, así, por consiguiente, y conocedor de la justicia humana, deberé aceptar agradablemente el vacío.
De todas formas, quizá la justicia humana no es suficiente para explicarlo, para hacerme entender y merecer mi propio cadáver.
Quizá porque la palabra justicia no es tan clara como debería. Estoy tan cansado que ni siquiera sé lo que pienso, ni porque estoy siguiendo a este hombre amargado y antisocial.
Creo que el matarle me llenará. Porque quiero llenarme, y sentirme bien. Estoy dispuesto a todo para conseguir la ataraxia, disminuyendo mis pasiones, mis sentimientos, mis humores. Llegando al "bien-être" general. No debe ser para nada tan complicado. Hundir el cuchillo en su garganta.
Pero por otra parte, sigo sin saber qué pasará. No me siento tan seguro de mí mismo, como para estar seguro de que al matarle, me sentiré mejor.
Supongo que no lo merece, no merece la muerte que yo, por puro deseo irracional, quiero otorgarle.
Quizá nadie la merece. Y quizá no tenga el valor de asestarle el golpe fatal. Quizá quiero salir de esta sociedad, y ser un bohemio. Pero ya es tarde, y ya está. Ya no puedo evitar sentir piedad, amor, y querer al ser humano.
O quién sabe, quizá lo quiero, a mi manera. No puedo evitar tener un alma y un corazón, y pese a que odio este mundo y esta vida, todo lo que representa la sociedad deshumanizada a base de falsa humanidad, hay algo en mí de cierto.
No puedo matar, no puedo morir.
Será mejor que me vaya a casa.
Basado en un texto de Paulo Coelho
Un hombre, orgulloso y satisfecho de sí mismo, por su condición de ateo, exploraba para despertar su adrenalina una jungla salvaje. El hombre, maravillado ante el espectáculo sublime que la naturaleza le mostraba, no cesaba de abrir bien boca y ojos para intentar creerse lo que la luz hacía penetrar en sus retinas. Exclamaba constantemente, a la vista de semejante delirio de colores y vida, que nada envidiaba al paraíso :
-¡Qué bellos lugares, plagados de animales y árboles sin igual! En esta deliciosa jungla, miles de tonos se mezclan y se entremezclan por doquier, y bulle la vida de una manera que pocos parecen entender, nada que ver con lo que el hombre hace. Qué triste se me hace el pensar, que algunos hombres ven en este jardín del Edén algo fabricado por un Dios, que sin embargo no existe lo más mínimo. Creen que todas estas fantasías hechas realidad las hizo un ser consciente con manos invisibles, y se equivocan por completo. No pueden admitir la belleza como tal, y se esfuerzan en justificarlo y darle un sentido a todo ¿Porqué no aceptan que no son más que casualidades, magníficas y sublimes coincidencias que han hecho esto posible?
En ese momento, un león apareció entre la maleza, lanzándose rápidamente al cuello del ateo. Apenas sus colmillos rozaban la fina piel, el fino tejido del hombre, el tiempo se paró y se oyó una voz.
-Te has pasado la vida dudando de mi existencia. Has dicho, gritado y llorado que yo no era real. Y mira, te acabo de dar la prueba, casi tangible, de que soy, simplemente. Ahora, ¿qué quieres que haga?
Sorprendido, el hombre respondió :
-Me es aún difícil creer en ti, pero veo que me has dejado sin escapatoria, en un callejón sin salida. Sería hipócrita por mi parte pedirte que me salves, cuando he gastado mis días en elevar mi voz a los cuatro vientos, repitiendo y repitiendo que eras falso, mentiras y engaños. No voy a cambiar de opinión, no ahora, pese a la situación mortal en la que me acorralas. Si es cierto que existes, no me has dado razones para que yo piense tal cosa, no me has permitido tener fe. No he tenido más remedio en mis reflexiones que deducir que eras vacío. Ahora que apareces, no pienso dar vuelta atrás. Hace tiempo acepté, que si por casualidad tenías tu lugar en ese cielo, y eras real, no lo sería yo contigo, y no compartiría cama con alguien como tú. Me diste mil y un motivos para dudar, hasta llegar al hecho de odiarte. Sé que yo ya estoy condenado, y como pase lo que pase, voy a arder en el infierno, pienso hacerlo, no me voy a retractar en ese último segundo de vida. Ahora, lo qué quiero que hagas, es que no me duela. Ya nos veremos ahí abajo.
Tras esas palabras, el tiempo retomó su curso, y el león devoró ansiosamente al hombre, sin que pudiese sentir el mínimo dolor.
-¡Qué bellos lugares, plagados de animales y árboles sin igual! En esta deliciosa jungla, miles de tonos se mezclan y se entremezclan por doquier, y bulle la vida de una manera que pocos parecen entender, nada que ver con lo que el hombre hace. Qué triste se me hace el pensar, que algunos hombres ven en este jardín del Edén algo fabricado por un Dios, que sin embargo no existe lo más mínimo. Creen que todas estas fantasías hechas realidad las hizo un ser consciente con manos invisibles, y se equivocan por completo. No pueden admitir la belleza como tal, y se esfuerzan en justificarlo y darle un sentido a todo ¿Porqué no aceptan que no son más que casualidades, magníficas y sublimes coincidencias que han hecho esto posible?
En ese momento, un león apareció entre la maleza, lanzándose rápidamente al cuello del ateo. Apenas sus colmillos rozaban la fina piel, el fino tejido del hombre, el tiempo se paró y se oyó una voz.
-Te has pasado la vida dudando de mi existencia. Has dicho, gritado y llorado que yo no era real. Y mira, te acabo de dar la prueba, casi tangible, de que soy, simplemente. Ahora, ¿qué quieres que haga?
Sorprendido, el hombre respondió :
-Me es aún difícil creer en ti, pero veo que me has dejado sin escapatoria, en un callejón sin salida. Sería hipócrita por mi parte pedirte que me salves, cuando he gastado mis días en elevar mi voz a los cuatro vientos, repitiendo y repitiendo que eras falso, mentiras y engaños. No voy a cambiar de opinión, no ahora, pese a la situación mortal en la que me acorralas. Si es cierto que existes, no me has dado razones para que yo piense tal cosa, no me has permitido tener fe. No he tenido más remedio en mis reflexiones que deducir que eras vacío. Ahora que apareces, no pienso dar vuelta atrás. Hace tiempo acepté, que si por casualidad tenías tu lugar en ese cielo, y eras real, no lo sería yo contigo, y no compartiría cama con alguien como tú. Me diste mil y un motivos para dudar, hasta llegar al hecho de odiarte. Sé que yo ya estoy condenado, y como pase lo que pase, voy a arder en el infierno, pienso hacerlo, no me voy a retractar en ese último segundo de vida. Ahora, lo qué quiero que hagas, es que no me duela. Ya nos veremos ahí abajo.
Tras esas palabras, el tiempo retomó su curso, y el león devoró ansiosamente al hombre, sin que pudiese sentir el mínimo dolor.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)