Méditations
Una casa vacía, y apenas el ruido molesto de algunas obras. El silencio mata, el silencio calla. Nunca puedes oír bien a alguien en silencio, así es como tiene que ser, en esta sociedad aberrante donde los acontecimientos se suceden a una velocidad tan vertiginosa que solo podemos recordar los que la misma nos obliga a recordar. Es doloroso estar en una casa ajena y solo, totalmente solo. La soledad es el misterio del hombre. Nos pasamos la vida viviendo, rodeados de miles y miles y miles de personas, cansados de ellas a veces, cansados de nuestros amigos, compañeros, familiares. Más de uno ha exclamado : "¡Ojalá estuviese solo!", al haber sentido demasiado cerca el agobio irrespirable de los seres humanos. Y una vez conseguimos la soledad, nos sentimos... solos. Vacíos, alejados de todo, queremos volver a oír risas, lloros, y palabras, que crucen nuestros oídos y que vengan fuertes y armados para romper el silencio que nos mata. El silencio es suicida. ¿Qué debemos hacer en los apenas tres cuartos de siglo que nos ha otorgado la naturaleza? O Dios, según se mire... ¿Qué hacemos con tan vasto y a la vez minúsculo, ínfimo período de tiempo? ¿Vivir? Eso sería demasiado fácil. No es que debamos hacerlo complicado, no es eso. Pero es que ES complicado. ¿Luchar, rebelarse... o cruzarse de brazos?
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